Los años pasan volando, y, cuando un hijo te pide una casita en el árbol, la carrera de las agujas del reloj se hace más presente.

Hace cuatro años, cuando mi niño tenía siete, manifestó en voz alta ese sueño de tener su casita en el árbol. A partir de ahí, se conoce que mi cerebro se puso en marcha, aunque sea inconscientemente.

Vivíamos en un piso, con patio, pero un piso, y desde ya, sin árbol.

El reto se hacía presente, y cada tanto, el sueño volvía a tomar forma de palabra “Cómo me gustaría tener una casita en un árbol”.

Al poco tiempo nos fuimos a la sierra, pero seguía siendo un piso, con terraza, pero un piso, y desde ya, sin árbol. (Excepto aquella vez que por un fuerte vendaval un pino entró en nuestra terraza).

Y ya tenía nueve años, y, no había árbol ni casita.

Se me ocurrió para acercarme un poco al sueño, llevarle un fin de semana a un camping que tiene bungalows entre los árboles, y bastante altos. Al final, son casitas en árboles, aunque por un rato. Fue un fin de semana mágico, todo chiquitito y desde las alturas, lindas vistas y respirando sueños.

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Otro año pasa y nos mudamos de nuevo. Ya diez años, una casa con jardín, con un arbolito en el centro… muerto. Hubo que quitarlo.

Y ahí se quedó el sueño. Para colmo de males, en la entrada a la urbanización, ¡un chalet en un árbol! Precioso, perfectito, de madera, cuadrado, con su techo estilo tejado, en un árbol robusto.

Empecé incluso a pensar… ¿Y si fabrico un árbol de attrezzo? … ¿Y si compro un árbol y lo hago meter al jardín con una grúa? … Sí, ideas descabelladas porque se ya venían los once años.

Hasta que por fin, este verano, decidí hacerlo realidad: manos a la obra el cuñado, los hijos, la pareja, por poco el perro, tardes calurosas de bricolage, taladros, atornilladores, caladoras, madera, mucha madera, y muchos clavos y tornillos. El barniz, el techo de tejas (¡es plástico y se ensambla como un puzzle!), y por último la escalera. Habemus casita.

No es una casita en un árbol, pero es una casita con una pared de árbol, rodeada de verde, con ventanas a la casa y a la piscina (para cotillear), y sobre todo, es un sueño cumplido.

 

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De lo que se trata es de enfocar en lo que tienes, no en lo que te falta, y hacerlo, simplemente hacerlo antes de que sea tarde. Es mejor hacerlo que años más tarde decir “¡Ay, si hubiésemos hecho un casita en el árbol!”

La de meriendas y juegos de cartas que cabrán ahí dentro, y la cantidad de secretos que se escaparan por sus ventanitas. Y, que sirva de horno para cocinar nuevos sueños, con la certeza de que se cumplen.

PD Gracias a todos por hacerlo realidad.

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